Desobediencia Integral

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La Desobediencia Integral implica romper el contrato social con el Estado del territorio donde se vive, para poder realizar un nuevo contrato social con una comunidad con la que el individuo se siente realmente vinculado.

En el marco del proceso de Revolución Integral van surgiendo nuevas comunidades de referencia donde las personas vamos siendo acogidas y podemos participar activamente del proceso de definición de bombiderechos y deberes propios de este contrato social que hace posible vivir en sociedad.

Una comunidad rural autogestionada, una zona autónoma o una cooperativa integral serían tres ejemplos de estas nuevas instituciones con las que elegimos hacer este nuevo contrato social. En lugar de delegar el depósito de soberanía en una supuesta democracia parlamentaria, participamos directamente de las decisiones a través de una verdadera democracia asamblearia.

Cuando pasamos de un contrato implícito, que realmente no hemos firmado, a un contrato explícito estamos haciendo un salto de empoderamiento para que vivir en sociedad sea, también, vivir en libertad. En este marco, podemos elegir igualmente ser parte al mismo tiempo de varias comunidades, entre las que repartimos nuestra participación y compromiso; desde la más vivencial y pequeña, a la más estructurada y amplia, unas cuantas se pueden complementar porque ninguna es totalitaria, como si que lo es el Estado, y por lo tanto ninguna pretende controlar todas las esferas de el individuo sino sólo aportarle aquellos ámbitos en los que cada persona decida vincularse.

Las asambleas locales, que tratan de ser cada vez asambleas más constructivas, espacios autogestionados para cubrir necesidades comunitarias, y las cooperativas integrales que se están haciendo realidad día a día, son algunos de los exponentes de la Revolución Integral, ejemplos mucho más merecedores del depósito de la soberanía popular de personas que participamos diariamente en la política desde los movimientos asamblearios que las instituciones supuestamente democráticas del Estado.

Cuando hacemos Desobediencia Integral, estamos desmontando la legitimidad del sistema del estado capitalista y aportamos nuestra participación legitimatòria a un sistema nuevo.

A partir del contexto expresado, no es nuestra estrategia a largo plazo la mejora de la sociedad desde dentro por vías institucionales o reivindicativas, ni a través de reformas, acciones de lobbies, etc … De hecho, la regresión en derechos sociales que se está viviendo este último quinquenio, nos demuestra que aquello que puede costar décadas de conseguirse por la vía de la lucha y las movilizaciones sociales, el sistema capitalista es capaz de desmontarlo en una sola legislatura.

Aún así reconocemos el valor de denuncia, concienciación, dignidad y empoderamiento social que significan los procesos de movilización que se viven de manera ilusionante, seria y persistente; y las victorias a corto plazo que se pueden conseguir por esta vía, no dejan de ser importantes. Son un vivo ejemplo de actualidad la lucha encarnizada por la defensa del derecho a la vivienda de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) que movilizó a cientos de miles de personas el pasado 16F para defender una ILP con 1.402.854 firmas y la Marea Ciudadana que el 23F, día siguiente de publicar este comunicado, vivirán una movilización importante bajo el lema: «Marea Ciudadana contra los recortes y por una verdadera democracia».



«nunca se debe dudar que un pequeño grupo de personas puede cambiar el mundo»

Quizás os viene a la cabeza la idea de que somos minoría en la sociedad las personas que estamos dispuestas a asumir estos valores de transformación integral en nuestras vidas. Podríamos llegar a la conclusión de que aproximadamente un 1% de Cataluña participa activamente en alguna iniciativa autogestionaria, y que entre un 5 o un 10% es directamente afín, aunque no participe o sólo lo haya hecho esporádicamente. Si hubiéramos estado pensando en eso hace 15 años, cuando no existían casi cooperativas de consumo, ni centros sociales autogestionados, ni redes de intercambio, ni escuelitas libres, ni mucho menos el planteamiento de llevar a cabo cooperativas integrales, habríamos concluido seguramente que el número de participantes era al menos 10 veces menor; pero sin el esfuerzo de aquella pequeña minoría ahora estaríamos muy lejos de donde estamos.

Si seguimos esta progresión el 10% de la población participará activamente en 2028 y al menos el 50% será afín directamente y/o habrá participado en algún momento de su vida.La Desobediencia Integral implica romper el contrato social con el Estado del territorio donde se vive, para poder realizar un nuevo contrato social con una comunidad con la que el individuo se siente realmente vinculado.

En el marco del proceso de Revolución Integral van surgiendo nuevas comunidades de referencia donde las personas vamos siendo acogidas y podemos participar activamente del proceso de definición de derechos y deberes propios de este contrato social que hace posible vivir en sociedad. Una comunidad rural autogestionada, una zona autónoma o una cooperativa integral serían tres ejemplos de estas nuevas instituciones con las que elegimos hacer este nuevo contrato social. En lugar de delegar el depósito de soberanía en una supuesta democracia parlamentaria, participamos directamente de las decisiones a través de una verdadera democracia asamblearia. Cuando pasamos de un contrato implícito, que realmente no hemos firmado, a un contrato explícito estamos haciendo un salto de empoderamiento para que vivir en sociedad sea, también, vivir en libertad. En este marco, podemos elegir igualmente ser parte al mismo tiempo de varias comunidades, entre las que repartimos nuestra participación y compromiso; desde la más vivencial y pequeña, a la más estructurada y amplia, unas cuantas se pueden complementar porque ninguna es totalitaria, como si que lo es el Estado, y por lo tanto ninguna pretende controlar todas las esferas de el individuo sino sólo aportarle aquellos ámbitos en los que cada persona decida vincularse.

Las asambleas locales, que tratan de ser cada vez asambleas más constructivas, espacios autogestionados para cubrir necesidades comunitarias, y las cooperativas integrales que se están haciendo realidad día a día, son algunos de los exponentes de la Revolución Integral, ejemplos mucho más merecedores del depósito de la soberanía popular de personas que participamos diariamente en la política desde los movimientos asamblearios que las instituciones supuestamente democráticas del Estado. Cuando hacemos Desobediencia Integral, estamos desmontando la legitimidad del sistema del estado capitalista y aportamos nuestra participación legitimatòria a un sistema nuevo.

A partir del contexto expresado, no es nuestra estrategia a largo plazo la mejora de la sociedad desde dentro por vías institucionales o reivindicativas, ni a través de reformas, acciones de lobbies, etc … De hecho, la regresión en derechos sociales que se está viviendo este último quinquenio, nos demuestra que aquello que puede costar décadas de conseguirse por la vía de la lucha y las movilizaciones sociales, el sistema capitalista es capaz de desmontarlo en una sola legislatura.

Aún así reconocemos el valor de denuncia, concienciación, dignidad y empoderamiento social que significan los procesos de movilización que se viven de manera ilusionante, seria y persistente; y las victorias a corto plazo que se pueden conseguir por esta vía, no dejan de ser importantes. Son un vivo ejemplo de actualidad la lucha encarnizada por la defensa del derecho a la vivienda de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) que movilizó a cientos de miles de personas el pasado 16F para defender una ILP con 1.402.854 firmas y la Marea Ciudadana que el 23F, día siguiente de publicar este comunicado, vivirán una movilización importante bajo el lema: «Marea Ciudadana contra los recortes y por una verdadera democracia».



«nunca se debe dudar que un pequeño grupo de personas puede cambiar el mundo»

Quizás os viene a la cabeza la idea de que somos minoría en la sociedad las personas que estamos dispuestas a asumir estos valores de transformación integral en nuestras vidas. Podríamos llegar a la conclusión de que aproximadamente un 1% de Cataluña participa activamente en alguna iniciativa autogestionaria, y que entre un 5 o un 10% es directamente afín, aunque no participe o sólo lo haya hecho esporádicamente. Si hubiéramos estado pensando en eso hace 15 años, cuando no existían casi cooperativas de consumo, ni centros sociales autogestionados, ni redes de intercambio, ni escuelitas libres, ni mucho menos el planteamiento de llevar a cabo cooperativas integrales, habríamos concluido seguramente que el número de participantes era al menos 10 veces menor; pero sin el esfuerzo de aquella pequeña minoría ahora estaríamos muy lejos de donde estamos.

Si seguimos esta progresión el 10% de la población participará activamente en 2028 y al menos el 50% será afín directamente y/o habrá participado en algún momento de su vida.

 

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